Ana Rosa Jurado
Instituto Europeo de Sexología, Marbella

Centella asiática. Foto: Funaki
La sexualidad de las personas está influida y construida en virtud a gran cantidad de componentes. Entre los físicos, destacan factores genéticos, gonadales, hormonales, funcionales, el estado de salud y los agentes externos, como medicamentos o tóxicos. Pero además depende de elementos psicológicos, de personalidad, vivenciales, psicoafectivos, relacionales, educacionales y culturales, algunos de los cuales también pueden ir modificándose a lo largo de la vida.
La conexión entre el estado de salud y la sexualidad es evidente, no sólo en lo que a vivencia de la propia sexualidad se refiere, sino también en cuanto al disfrute de una adecuada respuesta sexual. La alteración de la imagen corporal y las ideas preconcebidas sobre la enfermedad pueden condicionar por sí mismas el deseo, la capacidad de excitación y la satisfacción sexual.
Pero a veces se producen además dificultades físicas que van mermando progresivamente la calidad y frecuencia de la respuesta sexual, la satisfacción y la confianza de las personas, todo lo cual conlleva de forma indirecta el desarrollo de mecanismos de evitación de los encuentros sexuales, falta de deseo, y puede derivar en problemas personales, de pareja y relacionales. Mediante un mecanismo similar, la salud sexual puede verse limitada por las condiciones de sanidad y funcionalidad de la vagina.
En diferentes momentos de la vida de la mujer, la vagina puede presentar lesiones (postparto), irritación (vaginitis) o atrofia (radioterapia, menopausia), que condicionarán sus mecanismos de defensa, provocarán diversos síntomas (escozor, picor, dolor) y mermarán la calidad de vida y la respuesta sexual. La detección activa de estos problemas por parte del personal sanitario implicado en el diagnóstico y tratamiento de estas afecciones (Médicos/as, Enfermería, Farmacéuticos), serviría para hacer una prevención efectiva de las dificultades sexuales, mediante el consejo y los tratamientos oportunos.
Afortunadamente, cada día se da más valor a la salud sexual como parte fundamental de la salud general de las personas, y crece la investigación para el desarrollo de nuevos fármacos que intentan optimizar algunos aspectos de la respuesta sexual ante las disfunciones. En concreto, la excitabilidad masculina ha evolucionado desde la aparición de los inhibidores de la fosfodiesterasa 5 para la mejora de la erección.
También se ha avanzado en el conocimiento sobre productos que ayudan a la hidratación, regeneración, lubricación y mantenimiento de la salud vaginal, así como en la promoción de consejos que mejoran la sexualidad, pasando por la desgenitalización de la misma y la comunicación entre las personas.
El desarrollo de productos probióticos en la prevención de vaginitis crónicas, así como las evidencias obtenidas sobre el efecto regenerador de los estrógenos locales, la centella asiática, etc, en los casos de vaginitis atróficas, aporta a la clínica una serie de recursos terapéuticos que en definitiva intentan mejorar la salud vaginal de las mujeres.
Comunicación presentada en el 8º Congreso de Fitoterapia de SEFIT, Zaragoza 2015